
Prefiero quedarme en casa leyendo el «Rerum Gestarum Libri XXXI», de Amiano Marcelino, que dedicar un segundo de mi tiempo a pensar sobre Mr. Trump o ir a votar. Prefiero que revoloteen ahora en mi mente los argumentos de «Introduction to Metamathematics», de Stephen Cole Kleene, en lugar de seguir los chanchullos zafios del «equipo de espías» de Koldo García. Prefiero demorarme minuciosamente en la lectura de «A contrapelo», biblia de la sensibilidad estética decadentista, a imbuirme de la mediocridad insalvable y embarazosa del mundo contemporáneo. Prefiero una calle de Orense en un día lluvioso, al Parlamento español zonzo y devaluado, orangutanesco. Prefiero un crepé u organza de seda, a escuchar tertulias de periodistas ignaros, zánganos y paquidermos.
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Bajo del taxi en la calle Cardenal Quevedo. Las calles se alinean como una pauta, y en el suelo, brillante y encenegado de mármoles, apisonadas desde hace siglos, pavimento de losas color carmesí. Se aglomeran verdores de bosque, lagunas artificiales, canales que brillan cual acero, tejados cuyo barniz reluce al sol. Baluartes de montículos de porcelana de aspecto heroico, lírico…Me rodeo de perfume fougère: notas frescas y verdes con toques de lavanda, musgo de roble y cumarina. Cerca hay una floristería y me colmo de rosas y lilas. Voy andando muy despacio, aunque con paso firme; miro a una hermosa adolescente, que traza un despacioso pasear que se esfuma en la quevedesca penumbra semi-soleada.
Llego a la tertulia. Con Lamas y el Dr. Gracia nos elevaremos a cimas de nivel verdaderamente humano. La gente (o gentuza) prefiere volver u hozar en el polvo y la ceniza, como fénix incapaces de renacer, viviendo en ese fango donde se arrastran las víboras. Se dejan caer. En nuestras armas, en cambio, figura la divisa: «Inculcabis super leonem», «Pisotearás al león». Los ribetes locos, superficiales e inoperantes de las conversaciones comunes no nos interesan. Hoy hablaremos, con palabras doradas, aladas, de botánica y «chinoiseries» y Heráclito.
