
Dos ideas de Nabokov que reelaboro:
(1) Incluso mientras escribas tus libros, date cuenta dolorosamente de lo poco que conoces tu planeta, tu planeta de uniformidades regulares, tu mundo de recurrencias simbólicas, tan torpes como tópicas, tu universo articulado en cápsulas lógicas previsibles, mientras intentas reconstruir otro mundo con floridos fragmentos irregulares extraídos de cerebros, cerebros enraizados en lo verdaderamente artístico, de cerebros quasi esquizoides.
(2) Así como la familia universal de escritores talentosos trasciende las barreras nacionales, y forman un club internacional o transnacional, el lector talentoso, geniudo, es otra figura universal, no sujeta a las limitaciones del espacio-tiempo. El gran lector salva a los escritores de ser aniquilado por reyes, dictadorzuelos, sacerdotes histéricos, puritanos papanatas, destemplados filisteos, moralistas políticos, policías, políticos ignorantes y mojigatos de cualquier ralea. Ese lector no pertenece a ninguna nación ni clase social. Y no permite que manejen su conciencia ni la autoridad canónica y menos ningún grupúsculo político o el timbre de la presión social, no permite (le asquea) que dirijan su razón ningunos diosecillos del mercado o la lista de “los más vendidos”. Su acercamiento al libro no lo gobierna emociones infantiles, sino la visión de la grandeza, de la grandeza de la que participa el escritor en concreto. Detesta el cliché y pondera con exactitud cuándo está ante la presencia de una gran mente, aunque no comporta ni suscriba sus enunciados particulares.
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“Si le dijera a un novato: «Escribe solo desde la experiencia», sentiría que es una advertencia bastante tentadora si no añadiera inmediatamente: «Intenta ser de esas personas a quienes nada se les escapa», Henry James.
“El rostro de la naturaleza y la civilización en este país nuestro constituye, hasta cierto punto, un campo literario muy completo. Pero solo revelará sus secretos a una imaginación realmente perspicaz. Para escribir bien y con dignidad sobre temas estadounidenses, se necesita, aún más que en otros lugares, ser un maestro”, Henry James (sustitúyase “estadounidenses” por “españoles” y el significado de la cita vale exactamente igual)
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“El creador de kitsch no crea arte inferior, no es un incompetente ni un chapucero, no puede ser evaluado por estándares estéticos; más bien, es éticamente depravado, un criminal que busca el mal radical. Y dado que es el mal radical lo que se manifiesta aquí, el mal per se, que constituye el polo negativo absoluto de todo sistema de valores, el kitsch siempre será malo, no solo kitsch en el arte, sino kitsch en cualquier sistema de valores”, Hermann Broch. Vivimos dentro de un radical kitsch ético y estético.
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“Su apariencia no da ninguna pista sobre su profesión, y, sin embargo, tampoco parece un hombre sin profesión. Piensen en cómo es: siempre sabe qué hacer. Sabe mirar a una mujer a los ojos. Puede plantearse cualquier pregunta en cualquier momento. Sabe boxear. Es talentoso, de voluntad fuerte, de mente abierta, intrépido, tenaz, apuesto, circunspecto, ¡pero no tiene ninguna cualidad o atributo! Lo han convertido en lo que es, le han marcado el rumbo, y, sin embargo, ese rumbo no le pertenece”, Rober Musil, “El hombre sin atributos”, Seix Barral, pág, 117. A la inmensa mayoría de la literatura de los escritores, presumiblemente no les interesa dotar de excelencia a sus libros; los condimentan con cuatro vulgaridades mal formuladas y cuatro esquemas fijos, y fin. Es una literatura sin atributos.
