Summa logicae 5

“La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos”, Marco Aurelio, «Meditaciones».

Por ello, quiero deshechar pensamientos negros, obsesivos y ansiosos, evitar las fastidiosas solicitaciones del auto-diálogo despreciativo, el tartamudeo hosco, trémulo y agresivo de mis palabras, y mirarme al fondo con una insistente luz fresca y rosácea. Deseo que las palabras que salen de mi boca me infundan ese placer como cuando oigo las campanitas al vuelo en alguna iglesia de la Ribeira Sacra, esa sensación completa de paz y sombra en el paseo cubierto del verano. Que mi espíritu no titubee, ni me traicione, ni me sabotee, y halle templadas verdades dichosas.

Quiero las ideas de mi cerebro con sabor a níspero, como luminosas crestas de mar, atravesando campos susurrantes de doradas mieses. Cerebro cuyo buen tiempo coloree julio, el verdiazul rodeando al jardín. Ideas que bajan calurosas a mis labios.

Poseo rentas y huertas heredadas. Mi linaje es gentil. Me favoreció la arcediana lotería de la vida. Murmuran tres caños en la antigua fuente de la aldea. Mi mente debe erguirse como una hermosa mole enrejada. La vida es una garza real. Despreciarla, querido Christian, se convierte en una especie de irreligiosidad.

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Buenos días. “Interrogo i libri e mi rispondono. E parlano e cantano per me. Alcuni mi portano il riso sulle labbra o la consolazione nel cuore. Altri mi insegnano a conoscere me stesso”, Francesco Petrarca, «Interrogo a los libros y ellos me responden. Y me hablan y me susurran. Algunos me hacen reír o me consuelan el corazón. Otros me enseñan a conocerme a mí mismo».

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«No hay amistades más rápidas que las que se establecen entre personas que aman los mismos libros», Vera Pawlowsky-Glahn.

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