Summa logicae 13

Coco Chanel: “Hay quienes piensan que el lujo es lo opuesto a la pobreza. No lo es. Es lo opuesto a la vulgaridad”. O Karl Lagerfeld: «El lujo es la comodidad de una camiseta con un vestido muy caro». Le preguntaron al gran fotógrafo y modista británico Cecil Beaton -la anécdota es muy conocida- qué es la elegancia, y contestó: «Agua y jabón» (citado por Marta Riezu)

Yo soy una persona poco moral. Como una buena parte de la comunidad, no me preocupo más allá de mí mismo, y el egoísmo es mi afán más cercano. Si pienso en el lujo social, en el necesario lujo social, me desespero. Solo me interesa MI LUJO MENTAL, que la cultura ni huya ni muera en mí: picatostes, natillas, gelatinas rojas, champán rubiáceo, libros y música. También consumo narcóticos, alojamiento noble, servicios, adornos, ropa de gama media, accesorios «mainstream», diversiones, supersticiones, ídolos o divinidades, pero no me importa, me importa poco la verdad, si son de peores calidades.

Perdonen, me oriento, fijo mi meta hacia el lujo. Es mi forma de conquista y avance. Eurípides y Tácito, Mozat y el barnizado Tolstoi, Bocángel y el cejijunto Góngora. Yo vivo encastillado en mi crisálida, entre mis vallecillos y hondonadas. Donde la aurora rosa tirita en el verde Cañón del Sil. A bordo de un paquebote, con institutrices, meretrices deslumbrantes y doncellas. Y, al abrigo de la sombra de un árbol indulgente, filosofo ¿La gloria literaria? Rompe y olvida tus miles de páginas. Poco más recuerda que el cuepecito rosa de Marta, tierno, suave y almohadillado, delicioso para amar y acariciar. Como un felino confinado, LEO y ESPERO. Mi horror representa estar sentado entre la mediocridad. Ser como la inmensa mayoría.

El lujo tiene un aroma inconfundible (agua de rosas de espuma laberíntica), un aroma, ladies and gentlemen, tan inconfundible como el sexo o la muerte.

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