Summa logicae 17

Buenos días. Qué pereza me da la Moncloa, Sánchez, Ábalos, la palurda abominable de Yolanda Díaz o el ridículo acomplejado de Albares. Gentuza de las tabernas, residuos de las más sórdidas cervecerías y prostíbulos. Las personas con sentido común son necesariamente vanas, porque machacan la eterna antífona de la vida aburrida. Haydn me arregla la mañana, esos estreptococos la arruinan.

Proust, siempre Proust. Ojo a la reflexión sobre el arte popular que nos deja ya a principios del siglo XX: “la idea de un arte popular (…) me parecía ridícula. Si se trataba de volverlo accesible al pueblo, sacrificando los refinamientos de la forma, “buenos para ociosos”, yo ya había frecuentado bastante la alta sociedad para saber que sus miembros -y no los obreros electricistas- son los verdaderos iletrados. Un arte popular por la forma habría estado destinado más a los miembros del Jockey que a los de la Confederación General del Trabajo”.

De la literatura, Proust nos regalará una de sus frases memorables: “la verdadera vida, la vida por fin descubierta y aclarada, la única vida, por consiguiente, plenamente vivida, es la literatura”.

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«Durante mucho tiempo, me acosté temprano. A veces, apenas apagada la vela, mis ojos se cerraban tan deprisa, que no tenía tiempo de decirme: «Me duermo». Y, media hora después me despertaba la idea de que ya era hora de buscar el sueño: quería dejar el volumen que aún creía tener en las manos y soplar la luz; no había cesado de reflexionar sobre lo que acababa de leer mientras dormía, pero esas reflexiones habían tomado un giro algo particular: me parecía que era yo mismo aquello de lo que hablaba la obra: una iglesia, un cuarteto, la rivalidad entre Francisco Primero y Carlos Quinto».

Hay que oponerse al materialismo y a la mediocridad del mundo moderno. Mientras no oiga estas palabras, o similares, por las calles de España, no quiero saber nada de vosotros, nada de los vulgares hombres y de sus triviales y adocenados días, de sus noches de vómito y boliche.

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