Summa logicae 20

«Su último entusiasmo fue el de la bibliografía, chifladura que tomó como costumbre, y no con gran pasión. Pero como un hombre, por rico que sea, no puede pensar en reunir los libros que se han escrito, no solo en el mundo, sino en un país, Avelino especificó su manía y se dedicó a formar una biblioteca de libros en dieciseisavo. Al principio, los compraba, los leía, los coleccionaba y los guardaba…

[…]Deseaba llenar las paredes de su gabinete con libros en dieciseisavo. Esta era en aquella época su aspiración suprema, y compraba tomos sin otro objeto[…]

Un día, a don Avelino se le perdió la llave de la biblioteca. Al día siguiente se encontró con la puerta cerrada; quiso descerrajarla, pero luego pensó y dijo: —¿Para qué? Hay una cosa más sencilla. El cuarto tenía un montante. Don Avelino ató sus libros, siempre de dieciseisavo, con un cordelito, y como quien dispara una piedra los tiró al interior de la biblioteca.

Una vez quiso entrar en la biblioteca; descerrajó la puerta, pero se había formado detrás de ella un montón de tomos tan grande que era imposible entrar», Pío Baroja, «Silvestre Paradox».

A mí, la realidad me produce espasmos catalépticos. Ensoñar es lo único bueno de la vida. Todo lo demás es vulgar y vacío. Para mí el mundo, tosco e insípido, está silencioso, muerto. Cultural, moral e intelectualmente, estamos en un momento muy sombrío.

Todas las noches, después de un leve lavado y rizado de mi pelo castaño, templo el asco que siento por España, escojo una flor para el dormitorio, y leo «The Birds of America», el libro del naturalista y pintor John James Audubon, que contiene ilustraciones de una gran variedad de aves de América del Norte.

No puedo vivir entre tanto piojoso mamut lanudo, entre tanto sarnoso perro salchicha. Chinches, hedor, humedad, corrupción…»Hace ya mucho tiempo, el Pueblo ha abdicado de sus deberes; pues el Pueblo que una vez repartió el mando militar, los altos cargos civiles, las legiones, todo, ahora se restringe y anhela solo dos cosas: pan y circo», Juvenal. No soporto la extrema vulgaridad: de las frases, la pintura, las músicas, las películas, de la cara y la ropa y el porte.

Hace mucho tiempo que huyo, muy lejos, como un mendigo medieval por un campo nevado en invierno, refugiándome solo en la belleza y la inteligencia.

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