
Debo medir mis palabras, para no avergonzarme después de ellas. ¿Civilización o barbarie? ¿Existencia o aniquilación del pueblo judío? Cualquier muerte nos envilece, el cuerpo destripado de un solo niño (o la tortura indecible de un secuestrado) merece la repulsa radical de nuestro oscuro universo. El odio multiplica el odio, la violencia multiplica la violencia y la dureza multiplica la dureza en una espiral descendente de destrucción, creo recordar que dijo Sun Tzu.
Discrepo (desoladamente) de quienes piensan que la guerra es una invención, y no una necesidad biológica. El ardor guerrero está inscrito en nuestros genes. Somos animales depredadores y agresivos. La guerra es un acto de violencia llevado hasta sus límites más extremos. La mente puede inventar la paz, la realidad no. “Todos los asesinos son castigados a menos que maten en masa y al son de las trompetas”, Voltaire (por cierto, furibundo anti-semita) La guerra es repugnante. Y, sí, todo lo que se hace en la guerra es un crimen en la paz.
Leo muchos posts, admirables literariamente, consoladores o exaltados, donde -acaso yerre- se le hace el caldo gordo a Hamás. La información es un elemento o parámetro más de la guerra. Las partes en conflicto buscan controlar la información para influir en la opinión pública, y más que, sensu strictu, de hechos o noticias objetivas, las partes distribuyen propagandas. Se difunde información o falsa o engañosa o sesgada, o bien se utilizan imágenes y mensajes emocionalmente poderosos. Todo busca diseñar la percepción de la opinión pública e influir en las instancias legales internacionales. Y se abusa de términos comodín, sin definir ni precisar, a modo de amuleto explicatodo («genocidio», «nazis» etc…)
En la Antigüedad, se esculpían bustos bifrontes que representaban los rostros de Heródoto y Tucídides, para recordarnos que los hechos nunca tienen una sola historia, una única cara o un solo punto de vista. Mucha cautela con escuchar solo una versión o bien inmunizar acríticamente una determinada hipótesis.
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Cuando los liberales afirmamos solemnes que queremos escuchar otras opiniones, luego no nos sorprendamos ni ofendamos al descubrir que, efectivamente, existen otras opiniones (ser liberal es tanto un sentimiento como una idea)
El amor de los intolerantes por las instituciones democráticas es solo una estratagema, un fraude piadoso para engañar a las masas. Dentro de una comunidad política intolerante no hay lugar para la libertad (en Occidente crecen como metástasis burbujas políticas intolerantes)
Nunca intentes desalentar el pensamiento, nunca intentes desanimar a la razón: seguro que tendrás éxito (máxima que se ejemplifica en innumerables casos)
