
Buenos días. Triste, pues advierto que cada vez soy menos capaz de articular lógicamente mis ideas (mi pensamiento es como una papilla disgregada y líquida, donde conservo y perpetuo nociones vulgares inhábiles para alcanzar la verdad o el sentido)
Enciendo la radio y me pongo a escuchar Radio Clásica. Abreviando o simplificando: las operaciones de mi mente están copadas de esquizofrenia. No puedo leer.
¿Leer? Leí mucho. Siempre lo hice, pero durante años me atiborré de libros con una voracidad voluptuosa, casi erótica. Iba a la biblioteca y sacaba todos los que podía, y luego me encerraba en casa y leía sin parar a lo largo de semanas. Buscaba libros clásicos, cuanto más clásicos mejor: Tolstói, Poe, tragedias shakesperianas, una traducción polvorienta de Laclos o Baudeliare, Homero, Quevedo, Garcilaso, Heródoto…; leía parpadeando y deslumbrado. Todavía recuerdo aquellos ritmos, la potente fiebre fresca, pulida y cristalina. Todo eso ya acabó. Empiezo a ser incapaz de leer, siquiera sea un artículo o noticia de periódico.
