
Buenos días. El pueblo es vulgar, ágrafo, oportunista, malo, bobo, sensacionalista, ominoso, aciago, luctuoso y abominable. Un eterno menor de edad (Flaubert) Carecen de sed de verdad y belleza, sus preferencias son la libertad sin ley, el alboroto, la insolencia burda. Un ejército de mediocridades seguido de una multitud de necios, mediocridades y necios formando la inmensa mayoría; de ahí que les sea imposible elegir un gobierno inteligente, una buena literatura, una moral digna y no corrupta, un trabajo no chapucero, un arte no sonrojante. La población, la populachería, es, con mucho, la peor contaminación.
¿Para quién escribes? Ignoran latinos y griegos, por eso los desprecian, nada saben del jovial, amigable, condescendiente gusto delicado. Del talante que disfruta con las encantadoras exquisitices del arte y la ciencia, con las habilidades nobles, con gracias intencionadas. De aquello que pone una afectuosa receptividad en lo que contempla y piensa, o escribe y compone ¿Quién admira las cacerolas de los bodegones holandeses, los afilados dedos y el oreado velo de las Madonas tardías, los pequeños, pastorales, escépticos paisajes de azules montañas? A mí solo lo mejor de lo mejor consigue no disgustarme. Debemos huir de la multitud y convertirnos en implacables aristócratas del gusto. Huye, Christian, huye, de la masa agolpada y roñosa. Tu destino fue -privilegios de cuna- lo más selecto, lo mejor. No traiciones ese destino.
