
Es muy hortera, de curilla asexuado, o director de funeraria, o de desagradable taxidermista, escribir por dinero, por fama, o por reconocimiento. Me complace la pura alegría de crear algo y compartirlo, PERO NADIE ME LEE, lo que desanima no poco. Para exhalar poesía, necesitaría una pizca del aliento del lector. Al enfrentarme a la decisión de crear o no crear, seguí adelante y creé (obviando los resultados) Y mi literatura no es popular. A mi pentalogía solo pueden acceder personas con un yo elaborado y que les «suenen» los referentes clásicos de la cultura occidental. Ello excluye a la plebe y a las personas ricas y exitosas, preocupadas solo por sus acciones y sus balandros. Por cierto, nunca asistí a ningún encuentro literario. Nunca he subido al escenario de ningún evento relacionado con la literatura. Siento que todas estas discusiones son triviales, ociosas para la causa de la escritura. Un escritor debe escribir, no asistir a paripés ni kermeses literarias.
A veces creo que solo escribo para mamá (ella conocía todas las claves) A mi vanidad y egocentrismo le interesa su amor, no el dinero. Escribo para salvar mi infancia. Fui un estudiante brillante, particularmente en matemáticas y ciencias; sin embargo, también destacaba en idiomas y arte. Algo retraído. O tímido. Lo tengo todo, y me da buenos réditos: la lejana infancia de príncipe feliz. Mi literatura idolatra aquel pasado y su necesidad de protegerlo de ambigüedades, turbiedades y bajezas ¿Enrevesada, gratuita…, elefantina? Me gusta creer, y permitan que tome en serio mis propios mitos, que es un prodigio de precisión. Literatura. Literatura. Añoranza del paraíso perdido. Virgilio: «Rari nantes in gurgite vasto», «Extraños náufragos en el inmenso mar».
