Trabajos y días 10

Muy poco difieren los testimonios sobre mi bisabuelo, Alejo Leví Carballo, que refieren mi familia, del que manifestaron algunos de sus contemporáneos. Uno de los ejemplos más ilustrativos lo encontramos en la breve semblanza escrita por Francisco Peregrino en la que describió a mi abuelo de la siguiente manera:

«Hombre de vasta cultura y gran humanidad. Con ideas nuevas en relación a los sistemas militares de la época. De un profundo respeto hacia los que pensaran y sintieran de otra forma o parecer. Como rasgo principal de su carácter, el amor inmenso hacia su familia. Gran militar y gran poeta. El nivel intelectual de toda una generación de jóvenes militares se debe a su labor y enseñanzas. Apartándose de la instrucción memorística imperante en aquellas fechas, él quería que sus alumnos comprendieran y analizaran y pensaran por sí mismos, y actuaran en consecuencia».

El teniente Blázquez Poveda dijo asimimo:

«Era Alejo un hombre culto, de carácter asequible, con quien me gustaba hablar. Aunque me pasaba bastantes años, me hablaba de usted, como yo a él. A mí me encanta conversar con buenos conversadores, personas que tienen cosas que decir interesantes y saben escuchar».

Entre sus libros (tuvo una fenomenal biblioteca que en gran parte se perdió en la guerra) mi padre heredó:

«Biblia en lengua española traduzida palabra por palabra de la verdad hebrayca … con privilegio del yllustrissimo señor duque de Ferrara».

Arbá ve’esrim «Veinticuatro [libros de la Biblia]», traducidos por Abraham Asá y aparecidos en Constantinopla entre 1739 y 1745, y reeditados parcialmente en Salónica en 1808.

Séfer Arba’á ve’esrim «Libro de los veinticuatro [libros de las Biblia]», publicado por Israel bajar Hayim en Viena entre 1813 y 1816, cuyo original manejó.

Torá Nebiím uJtubim im ha’atacá sefaradit «Libro de las Santas Escrituras: Ley, Profetas y Escritos con traſlado sefardí». La primera edición de Esmirna, 1838.

Séfer Torá, Nebiim uJtubim «El libro de la Ley, los Profetas, y las Escrituras, trasladado en la lengua española» (Constantinopla, 1873).

Mi bisabuelo, de obra absolutamente olvidada y desaparecida, se abismó en aquelarres orientales de viejos grimorios. Un maestro. No lo conocí. Pero dicen que nos parecemos mucho.

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