
Temo ese estado final que Kraepelin definió como «affektive Verblödung», «entontecimiento afectivo». Ninguna conservación intelectual, ninguna apertura a la realidad. Una retracción sin resonancia empática, la imposibilidad de establecer relaciones de objeto externas a mí. Un desuso del yo intencional que de alguna manera me «demencie». Si no puedo interesarme por la realidad, entonces no puedo dar rendimiento de ella; como si mi inteligencia dejara de existir. Me disgrego en un autismo con forma casi definitiva de ataxia intrapsíquica. Me domina la «ratlosigkeit», «perplejidad», una esquizoidia insociable, silenciosa, retraída, grave, solitaria, tímida, vergonzosa, delicada, sensible, nerviosa. Me posee la abulia, la indeferencia, la catexia. Me siento humillado (pésimo pronóstico) por la involución de mi parafrenia. A lo mejor debiera poner el foco fuera de mí.
