CONTRATAPA A «DIARIO DE AQUITANIA»
En la interesantísima obra de André Fauve-Dorsaz, “Calvin et Loyola: Deux réformes”, Editions Universitaires (Bibliothèque Historique), París, 1951, pág. 117, leemos: “Huyó Calvino con su amigo Nicolás Cop. El discurso, donde defendían manifiestamente la doctrina de la salvación por la fe, causó polémica. No olvidaron los volúmenes de Cicerón”.
El autor desea huir de España, el autor solo tiene fe en su biblioteca, el autor quiere huir de este país de todas las cabras. Ir al Sur, al sol. Levantarse muy de mañana, a la orilla del mar, en un lugar donde los árboles estén bien juntos, sin nadie alrededor, sin que nadie pueda ver nada, y debajo de los árboles, después del baño, secándose en la hierba, cosquilleado y acariciado por la hierba, ponerse a leer a Cicerón.
¿Cómo es el alma del autor? Un cruce de gramínea y Ludovico Sforza. Un alma contemporánea de Taletas de Gortina, Arquíloco, Hesíodo, Homero y Licurgo. El oráculo délfico le anunció una próxima muerte. Deja a sus deudos una formidable LIBERTAD, muy lejos de las actuales costumbres feudales y el universal derecho eclesiástico-internáutico.
El autor leyó mucho. Convirtió sus ojos en una obra de arte. En la pira funeraria quémenlo junto a sus libros.
