Oceanografía del tedio 13

Matemático y teórico musical, Marin Mersenne nació en Oizé, provincia de Maine, Francia, el 8 de septiembre de 1588 y fue bautizado el mismo día. Desde temprana edad mostró signos de devoción y gusto por el estudio.

A los 16 años, Mersenne quiso irse a la nueva escuela de los jesuitas en La Flèche, donde no importaba la situación económica, sino el interés por el estudio. Es significativo que también Descartes, que era 8 años mas joven, estudió en la misma escuela. Aunque no se hicieron amigos hasta mucho mas tarde.

Su padre deseaba que su hijo hiciera carrera en la iglesia. Sin embargo, Mersenne se dedicó a estudiar, que era lo que le gustaba. Pronto decidió que estaba listo para asumir responsabilidades y decidió irse a París. En el camino, recaló en un convento de los Mínimos. Esa experiencia le hizo pensar que podría tomar los hábitos si algún día lo decidía.

En Paris, estudió en el Collège Royale du France, continuando su educación en filosofía y teología en la Sorbonne, donde obtuvo el grado de Magister Atrium. Terminó sus estudios en 1611 y, con una educación privilegiada, decidió que estaba listo para entrar en un monasterio donde seguir estudiando.

La orden de los Mínimos, que había sido fundada por San Francisco de Paula en 1436, estaba creciendo en esa época. Se creían los mínimos de todas las religiones del mundo, y se dedicaban a rezar, estudiar y dar clases. Carlos VIII introdujo la orden en Francia y pronto fueron llamados «les bons hommes».

Después de la revolución francesa la orden disminuyó considerablemente y hoy día sólo se conservan unos pocos conventos en Italia. Mersenne entró en la orden el 16 de julio de 1611, fue ordenado cura en Paris en julio de 1612.

En 1614, marchó al monasterio de Nevers donde enseñó filosofía y teología a los jóvenes miembros de la comunidad. Uno de sus estudiantes, Hilarion de Coste, más tarde se convirtió en su biógrafo. En este periodo se cree que descubrió la cycloide, una curva geométrica.

Después de 2 años de enseñar, Mersenne fue elegido superior del monasterio de la Place Royale en Paris donde permaneció, salvo breves viajes, hasta su muerte en 1648. Desde el principio, los problemas matemáticos jugaron un papel importante en su vida.

Se trataba con otros estudiosos en Paris, intercambiando ideas y discutiendo proyectos. Los mínimos pronto se dieron cuenta que el mayor servicio que Mersenne podía prestar era con sus libros y su producción científica.

Mersenne empezó a darse cuenta que era la ciencia lo que realmente le interesaba. Creía que las matemáticas eran la base de las ciencias y de Dios. Desde 1623, comenzó a relacionarse con una serie de sabios de toda Europa e incluso Constantinopla y Transylvania (Hungría), con los que se encontraba en su convento o bien mantenía correspondencia. Su actividad pronto fue conocida como la Académie Parisiensis y también como la Académie Mersenne.

Murió el 1 de septiembre de 1648 en Paris, con 60 años. En su testamento dispuso que su cuerpo sirviera para la investigación médica. Después de su muerte, en su celda se descubrieron manuscritos científicos que fueron publicados en 1651, «L’optique et la catoptrique». También muchas cartas de otros científicos.

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La investigación, invertir en conocimiento, es como curiosidad formalizada, reglada. Es como indagar y curiosear con un propósito, acaso el de salvar y justificar la propia vida.

Yo inquiero, de modo diletante, en infinidad de temas, todo me interesa, pero, debido a la destrucción de mi cerebro debido a la esquizofrenia, y a la reunión heteróclita de lecturas desordenadas y de gran amplitud temática, mi mente es igualita al Caos antes que Dios formase el cielo y la tierra. Y olvido con facilidad la parte sustancial de lo leído o estudiado.

Mi olvidada erudición no es ni premio, santidad o iluminación. Siempre creí que no todos los estudiantes se convertirían en científicos, pero que todos necesitan pensar científicamente. Y la capacidad argumentativa o expositiva, el nivel de conocimientos, que observo en una inmensa mayoría, es muy perfectible. No soy académico ni intelectual, solo un mero diletante, solo un profano ignorante. Pero me esfuerzo en pulirme.

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«Hacía tiempo que había decidido dedicar mi vida a la erudición literaria. No, permítanme enfatizarlo, a esa erudición árida del mundo académico, a la ortodoxia aplastante que se encuentra en las universidades, sino más bien a la erudición recóndita, la que es un viaje a lo desconocido. Me refiero, principalmente, al estudio de esos autores cuyas obras huelen a lo siniestro, lo contracultural, el avance y lo maravilloso, autores cuyas perspectivas únicas van más allá del ámbito de la manía crítica moderna por el llamado realismo. Por mi parte elegí a esa hierofante del pop alternativo llamada Kathy Acker», Georgina Colby.

Soy demasiado mediocre para estar en Oxford y demasiado exhibicionista para ganarme el autorrespeto en esta era de las redes sociales.

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