
A 126 años de su nacimiento, recordemos hoy a Borges.
«Tlön, Uqbar, Orbis Tertius» empieza con una frase desarmante: «Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar.» Esto es puro Borges: añádase a la enciclopedia y el espejo un laberinto, o el tiempo, o un tigre, o el álgebra filosófica, y se tendrá casi su mundo (permítanme el burdo simplismo).
“La mediocridad no conoce nada superior a sí misma; pero el talento reconoce al instante al genio», Arthur Conan Doyle, «El valle del miedo».
«El verdadero genio se estremece ante la incompletud -la imperfección- y suele preferir el silencio a decir algo que no es todo lo que debería decirse. Pero el escritor batalla contra ese límite. Raramente lo logra superar», Poe.
Oscar Wilde: “El público es maravillosamente tolerante. Lo perdona todo menos al genio.”
Lean la sublimemente exorbitane poesía de Borges y sus cuentos. Borges es la cifra y camino, la figura y el emblema de la más genial literatura.
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EL SUICIDA
No quedará en la noche una estrella.
No quedará la noche.
Moriré y conmigo la suma
del intolerable universo.
Borraré las pirámides, las medallas,
los continentes y las caras.
Borraré la acumulación del pasado.
Haré polvo la historia, polvo el polvo.
Estoy mirando el último poniente.
Oigo el último pájaro.
Lego la nada a nadie.
