Lejanas polillas entre rosas planas, estúpida niña, estás en observación, y por el pasillo (la centésima vez que cuento sus baldosas) me ven mis amigas babosear, y la soledad es el rincón del silencioso comedor donde algo oscuro y plomizo duerme en mi boca… “Estoy harta de electroshoks, Christian…” Por el pabellón corren tejos y unicornios con sus patas sangrando en los cepos. De mi sexo fluyen rocas, una anciana defeca líquidos, de las ratas lozas de veneno. Una vida equivale a una muerte prematura.
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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