Aquitania no acepta la verdad estéril de la muerte. Aquitania te dio la luz en una cama de plumas, con su alta cabecera y pie de caoba labrados. ¡Mira!, apunta un rosa de tocador, un juego de porcelana floreada.
Luz, prohibido odiar, a ese cuerpo de otomanas esmaltado con geishas. Y sientes la suavidad del alba cosquilleando en tu bata suelta… Y deseas tanto que el fuego que llevas dentro viva, subsista, aunque cruelmente, por siempre.
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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