Oceanografía del tedio 31

AMANECER EN AQUITANIA

Aquitania no acepta la verdad estéril
de la muerte. Aquitania te dio la luz
en una cama de plumas, con su alta
cabecera y pie de caoba labrados.
¡Mira!, apunta un rosa de tocador,
un juego de porcelana floreada.

Luz, prohibido odiar, a ese cuerpo
de otomanas esmaltado con geishas.
Y sientes la suavidad del alba
cosquilleando en tu bata suelta…
Y deseas tanto que el fuego
que llevas dentro viva, subsista,
aunque cruelmente, por siempre.

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