Oceanografía del tedio 38

MONTAIGNE, TRÓPICO DE UNA FIGURA RETÓRICA

(Emil Man Martínez)

Me apresuro a subir a un vagón vacío
para poder besar a Martha durante
el largo trayecto. El aire es rosa
y casi rígido, y el paisaje no es del alma,
sino un sistema de turbulencias que gira.
Pero es mejor apearse del tren, y, ya en casa,
tomar los abismales “Essais” de Montaigne,
con la tranquila satisfacción de las estanterías
repletas de viejos libros. Un Montaigne
igual a un grito de devoción, que,
como un palacio, tiene unos geranios, y uno de
aquellos “cours pavées en dalles et parfois
entourées de colonnes”. Un Montaigne
que siempre nos recuerda los “cortile” de las casas
de Venecia. Leer a ese maestro, de meditación
incesante sobre todas las cosas del tiempo y
los hombres… y pensar, y olvidar y escribir,
mientras a ti también las horas te dejan de lado.

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