Oceanografía del tedio 40

Escribir me colma de un modo indecible. Inseguro a la par que no perfeccionista (sí soy neuróticamente perfeccionista, pero escribo contra la muerte y, entonces, deviene un lujo o capricho no permitido)

Sea lo que sea escribir, incluso en sus más humildes principios, es un asombroso ejemplo de lo que la vida es para mí. Una metamorfosis. Me adentro en la frase como si viese una mujer movediza, de perfil; al principio parece bonita, sencilla, alta y rubia, pero después, ansiedades de por medio, sinestesias a través, es un rojo insomnio, pequeño, complejo, moreno y regordete.

A pesar de lo popular que se volvió, Anne Sexton (suicida consumada) siempre fue percibida como una víctima. Sus poemas eran a veces tan explícitos que el análisis de su obra se centraba principalmente en su vida escandalosa, y no en la obra en sí. La sociedad estaba tan poco acostumbrada a ver poesía que no fuera «bonita», que, al ver una obra tan cruda escrita por una «mujer alucinada, extra-ordinaria», eso representaba casi un tabú. Por lo tanto, la sociedad comenzó a interpretar los poemas de Sexton como un signo de su trastorno mental, en lugar de interpretarla desde cualquier otro punto de vista estrictamente literario.

Sylvia Plath (otra suicida consumada) dijo: «Y, por cierto, todo en la vida se puede escribir si tienes el valor para hacerlo y la imaginación para improvisar. El peor enemigo de la creatividad es la duda». Y añadió: «Escribo solo porque hay una voz dentro de mí que no se callará».

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