
Como que tengo una pésima adherencia al tratamiento, me pinchan mensualmente el antipsicótico. Se llama «Xeplion» (la molécula en concreto es paliperidona)
Creo que José Agustín Goytisolo le hizo un poema al litio, remedio clásico de la bipolaridad; no deseo ser menos.
EXCUSANDO EL XEPLION SIGUIENTE
(Carlos Barral)
Aún no es necesario
y de repente el cuerpo lo urge inevitable.
Fijada la conducta errática
en objetos sin gozo de esperanza,
junto a la insidia del invierno,
sense data de un sueño que los párpados tramonta,
o exilio de bóveda a través
de vitrinas irreales
entre arbotantes de cruel vulgaridad, común
vaguedad para soldar la cabeza hemicránea.
Huye el pico del alción,
se agrisan colas verdiazules
de dragones: madeja atonal de máscaras.
Coreografía de plañidos de búhos,
y las líneas de fuga
-vacilantes- caen en desvaídos polímeros
de acrílicos amarillos y blancos.
Danza un ritmo de alma baja:
los objetos con rara gravedad,
las cosas rameadas como con ojos de pulpo,
e insinuaciones de cansancio y náusea.
Y el horror de desmonte que sigue,
y las escurridizas ondas
de estar equilibrado, cobarde,
trazo indecente de cul-de-sac,
pero en inaceptable extrarradio.
Y otro terrible horror:
esa dosis de bambú en la sangre
solo esperará otro mes
para contarte
su aciaga y abominable trama:
el último de la clase,
el gato con clavadas plumillas,
tú convertido en tonto de manada.
