
No sé cuáles fueron los requintados cálculos teológicos del obispo de Túsculo en el siglo XIII, para precisar que el número de demonios que vagan por el mundo y los infiernos es de 133.306.668. Tres siglos después, Jean Wier, en su libro «De praestige daemonun», rebajaba la cifra. Afirmó que Lucifer tenía trabajando para él a 7.409.127 demonios.
Noche de luna roja, pero rústica y zahareña, como la prefiere mi lascivia. Con mis ojillos de vidrio tierno escruto la bóveda celeste. Un silencio como manchado de puntos almíbares y cremas. Me dispongo a leer la obra de Vicente Risco: «Satanás. Historia do Diabo». Los demonios de Risco son más ligeros que los de Cunqueiro, y como espíritus puros conservan propiedades de los ángeles, y, además, son mucho más malvados.
Noche de desidia y gotear de cañerías. Borbollones en el agua. Comida traída en plato macerina. Esto de los diablos no deja de producir «un certo desacougo». Pero…en fin.
