El mar. El resto de mi vida es un vivir confinado en la muerte, amarrado a diversiones mediocres y aburrimientos soportables. El mar y las rosas son mis pintores y escultores favoritos. Carne sana, abundante, galope rosado. Areópago y ábsides. Oscuros trazos enroscados en los vitrales de las olas. Patriarca de carrozas blancas la espuma. El mar. Palmeado carbón vegetal.
Soy un escritor agrario, marítimo, agropecuario incluso, de escotillas y portillos. El mar.
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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