
Esquizofrenia positiva (1)
Trabajo en un cuarto interior, perfumado de flores, escuchando siempre solo a Bach, y donde exclusivamente yo -no así la doméstica- entro; rogué al inquilino del sexto que no hiciera ningún ruido; duermo de día y trabajo de noche. Alguna que otra noche también salgo. Soy popular en el barrio y en la vecindad. Caritativo con los del sexto piso -la gente humilde (mala suerte) de la casa. De pocas palabras. Muy amable. La portera lloró al recordarme. Tengo un hermano, neurólogo, que vive en la plaza Lesseps, y la hija de éste, Srta. Sanz, por cierto, también escribe. El conserje subió a verme dos minutos después de mi muerte y yo estaba -afirmó- todavía como vivo. La noche anterior, dije a la señora Maruja, quien me cuidaba: “Hoy he escrito la última línea de mi pentalogía. Mañana ya no estaré aquí”. Tuve un secretaria que era aficionado al cine, que un año o medio año antes de mi muerte partió para Francia, donde aún debe de estar, habiendo dejado en manos del conserje un visón y una pequeña colección de joyas que no se acordó de pasar a recoger.
El día de la muerte de Christian Sanz estaba la entrada de la casa llena de orquídeas hasta la calle.
Roser de Bofarull: “El ruido -excepto su monomaníaco Bach- sobresaltaba a Sanz, como a Proust, como a Lamartine, como a Flaubert, como a Juan Ramón. Una interrupción en el proceso de escribir podía causarle un colapso, como la interrupción de un proceso fisiológico elemental o una hecatombe en una ley universal. Gómez de la Serna dice que, en el estilo de Sanz, se oye hasta el zumbido de la mosca que anda por el cuarto y la música del Concierto para dos violines, BWV 1043″
Eladio Vilarchao: “Los cenadores, los recuerdos de infancia, las blancas aves de los sueños, los indolentes barones de la literatura, las memorables coleccionistas de cisnes y perfumes, balaustradas historiadas, labios sedientos que se deslizasen ingrávidamente desde la cabellera tibia a la ardiente nuca de Martha, la cera en los velones de «Rojo y negro», las miles de páginas de las «Memorias» de Saint-Simon, el escámolo de la góndola, leopardos de mármol, los subterráneos del Ritz, su madre…Todo eso removía la literatura de Christian Sanz. Afirmo concluyentemente que, aunque lo fingió, nunca estuvo loco”.
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(1) La esquizofrenia positiva indica la esquizofrenia en que se manifiestan los síntomas positivos o psicóticos. Los síntomas positivos son los más llamativos, expansivos o floridos, los clásicos síntomas que distorsionan la realidad. Básicamente se agrupan en los delirios (de muchos tipos e irreducibles a la lógica, y que gobiernan el pensamiento) y las alucinaciones (percepciones, de tantos tipos como sentidos tenemos, percepciones sin estímulo)
