Oceanografía del tedio 62

Llevo una vida aislada, solitaria…¿envidiable? En la lotería de la vida la Fortuna fue algo generosa conmigo: frugal, gasto la mitad de lo que gano, inteligente, entiendo más cosas de las que no entiendo, culto, detecto y aprecio (admiro de modo babeante) a los Inmortales.

Leo y escribo de noche. Ayer releí a Borges, algunas «Epystole» y fragmentos del «De remediis utriusque fortunae», de Petrarca. Hoy estudiaré un poco el manual de Vicens Vives sobre «Matemática discreta» y hojearé la «Historia de la literatura inglesa», en Gredos, de Esteban Pujals. Probablemente mañana me enfrente a las «Memorias» de Gibbon.

Tengo, dispuestas, en la mesilla, futuras lecturas: «Alexandreidos Libri decem. Nunc primum in Gallia Gallicisque characteribus editi», los poemas de Bernardo Atxaga, a Pellegrino Artusi, autor de «La scienza in cucina e l’arte di mangiar bene» -gran divulgador de la cocina italiana-, «Miscel·lània papirològica Ramon Roca-Puig», números del «Boletín de la Sociedad de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia», así como revistas atrasadas de la «Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría». Se amontonan clásicos para releer (Montaigne, Conrad, Stevenson, Eurípides, Catulo, George Eliot, Cernuda…) y novelas o ensayos de actualdad novísima. No doy abasto. Mi ritmo de lectura tiene una progresión aritmética, y lo que deseo leer, geométrica, o, mejor, exponencial. En fin.

Pero mi casa es excelente. Mi conversación vivaz. Mi familia honorable. Sea pues escrita aquí y ahora, en imaginario mármol, mi expresión de gratitud y placer para con la vida. Mi mente se deleita en el pasado y se alegra de su futuro (debido a mi maltrecha salud, seguro que un futuro angosto y breve) El mundo fue para mí -pese a la limitante e híspida enfermedad- un incesante libro mágico. Si pudiera volver a vivir, reviviría mi vida tal como fue.

Aunque solo somos sombra, e invisible sombra de una sombra, y efímero polvo terrenal, lamento que la fiesta acabe. El mundo de la evidencia, el mundo de los sueños y la nieve y el fénix, todo morirá, pero fue -admitámoslo- maravilloso. El tiempo dulce, celeste, devorado por el amor y la piel brillante de la serpiente, todo morirá. Nuestra enferma y febril naturaleza, las injurias, las gemas, los libros…

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