Oceanografía del tedio 63

Hazlitt: «Deseo hacer de este ensayo una especie de estudio del significado de varias palabras que en diferentes momentos me descorcentaron. Entre ellas hay palabras perversas, otras falsas o bien verdaderas, y palabras aplicadas al sentimiento; por último, el deseo unificador: profundidad y superficialidad. Acaso le divierta al lector ver la forma en que elaboré algunas de mis conclusiones ahogado bajo tierra, antes de arrojarlas a la superficie».

Así deseo mi prosa y verso, en resumidas cuentas, mis libros. No me acerco ni en sueños.

O bien Trithemius: «Existen libros que hacen surgir en nosotros el deseo de una felicidad en el futuro, alivian las molestias del estado de exilio que ahora vivimos, nos alejan de los vicios, nos dan fuerza en las adversidades y transforman en algo fructuoso nuestro tiempo».

También me poseyeron esos deseos quiméricos. No pudo ser.

Mi literatura es propia de una mente vulgar, mecánica y mercantil. Una infame y satánica mina de barro. Pero oí a citaristas geniales en casas ajenas (Proust, James, Nabokov, Eliot, Unamuno, Valle-Inclán, Salinas, Melville, Faulkner, Austen, Tolstoi, Kafka, Flaubert, Homero ETCÉTERA) Luz del viento que lleva por los días, oscuridad a través de la Luna, veleros del mundo. Profundas sombras de chopos en el agua. Fui feliz. Lo normal es leer.

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