Oceanografía del tedio 64

Creo ahora que el único propósito de la soledad es vivir cada uno a su gusto y a sus anchas. La soledad que amo y defiendo consiste, en suma, en recuperar mis sentimientos y cavilaciones y apropiármelos de nuevo, en restringir y refrenar, no mis pasos, sino mis deseos y pesares, negándome a preocuparme de cosas externas, y huyendo como de la peste de la servidumbre y las obligaciones: en retirarme no tanto de la humanidad, como de la muchedumbre.

Acaso por mi trato frecuente con el saber y prosa de los antiguos, y por la huella (demasiado tenue) que han dejado en mí las almas fastuosas del pasado (o de los genios -pocos- modernos), siento repugnancia hacia mí mismo y hacia los demás. En verdad, vivimos en una época que tan solo produce una brutal y viscosa, pastosa y mucosa mediocridad.

No hay placer como la lectura ¡Qué pronto se cansa uno de cualquier cosa antes que de un libro! Me sentiría miserable si no tuviera una excelente biblioteca en mi pazo. Bandadas de papel abigarrado y textura de miel y cocuyo. Estar rodeado de libros me hace sentir seguro, y del mismo modo que algunas personas necesitan árboles o montañas a su alrededor para sentirse seguras, yo no, yo no me aferro solo a la naturaleza. Me aferro a los libros.

Me levanto pronto y paseo alrededor de la biblioteca de la casa. Trance, sugestión, alegría hermosa y neurosis noógena, apasionada abreacción catártica. Los libros son mi mejores «boufflées délirantes», las rejuelas para mi soledad, mi amado «raquement» de palabras, cosas, rosas e ideas. Mi biblioteca es donde vivo una gozosa, tan distinta a la real, delusión paleofrénica. Un arte, más que por la razón, gobernado por la armonía preestablecida leibniziana.

Libros: diaspros sanguinos, islas para observar con prismáticos el vuelo y color de las aves migratorias, el virar en ondas de columnas de lino mayoliano, las alas de ágiles pinzones, y la levadura macerada en las córneas al poderlos contemplar. Libros, toda la belleza nublada del verano. Libros, marcharse feliz al fin del mundo.

Biblioteca, pasión y camino, sentido de mi vida.

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