Oceanografía del tedio 68

La descripción apocalíptica de su época por parte de San Gregorio Magno, testimonia lo que albergaban en su corazón los primeros monjes bibliotecarios al ser (o notar ser) los últimos supervivientes del mundo clásico. Define también, mutatis mutandis, el estado espantoso de nuestra cultura hoy.

«Las ciudades están despobladas, las fortificaciones derruidas, las iglesias han ardido, los monasterios y los conventos están destruidos, los campos están desiertos, y la tierra, abandonada sin nadie que la cultive, espera desesperada. Ya no vive aquí ningún campesino. Las bestias salvajes sustituyeron a las multitudes. Lo que sucede en otras partes del mundo lo desconozco; pero aquí, en la tierra en la que vivo, el mundo ya no anuncia su próximo final, sino que lo muestra ostensiblemente»

San Gregorio Magno, Dialogues. Tome III (Livres I-III), París, Les Éditions du Cerf, libro III, capítulo 38, 3, p. 431

¡APOCALIPSIS! Ríos sin rehacerse nos anegan sin capacidad de perdón; fábricas destruidas; pánico en los despojos de los muelles; labios hambrientos erguidos en la sierra; vírgenes estupradas por Cristo; mujeres luciendo collares de broches de cerdo; vocecillas de cascabel de niñas dentro del pozo; patricios en harapos: el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, la poesía, la ciencia, la cortesía, el derecho, la dulzura, las costumbres y cualquier otra competencia humana, yaciendo en charcos concretos de mierda.

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