Oceanografía del tedio 70

Belleza que deslumbra y emboba en el «Evangelario» de Carlomagno (cruzar un bosque que conduce a todos los caminos), y en «Leda con el cisne» de Correggio de la Gemäldegalerie de Berlín (cielo de raso de «sesquialtera» de guardarropía), que fascina y aturde en «La muerte de Sócrates» de J. L. David (diván de agua en el Tiempo), y en el «San Mateo» de Miguel Ángel en Florencia -delicias de Babilonia que rescata la opulencia. O bien, digamos, en una ilustración de John Flaxman.

El alma es una pequeña placa de vidrio que bordea hojas de acanto, un cristal que refleja el pórtico insólito de Chartres o la catedral de Burgos. Estamos hechos de un república de células estéticas; asunto que a todos nos concierne.

Un escritor se alimenta de quietud y milagros. Hoy el mundo -cacofónico- carece de esas calidades de «conturbatio», «interrogatio», «humiliatio» y «meritatio». El efecto de las estrellas y los planetas dejó de eclipsar a los hombres. No existe plenitud, sino aniquilación.

Lo absolutamente bello es grato. La disposición adecuada de la gracia es como la ronquera de la Luna, como una luz en el ala del colibrí. Belleza: marciales poderes de las joyas del fuego, sombra femenil de las Indias, naranjas, plátanos y nísperos junto a las torres blancas.

Deja un comentario