Oceanografía del tedio 72

Me declaro jefe de la apostasía del Oden, jefe de filas del Desorden. Tinta de sol cae sobre Galicia. Ah ser el último emperador, último romano, en el anchuroso patio sombreado por toldos de lona, que bajo la luz adquieren tinte dorado de velas marinas. Y el surtidor que gallardea al sol su airón de plata, y reflejadas en la mesa de alabastro irisadas gotas de vodka. Y el eucalipto abre su rumoroso parasol, y se acerca la segura música de agua. Todo con broches con forma de salamandra y el buen tiempo para quererse.

Creí de modo torpe y simple en ideas ilustradas. Que existe mi mente y otras mentes. Y hay un mundo externo y se puede conocer. Y se conoce bien mediante la ciencia y el arte. Y el arte es Forma, y existe algo místico, y Dios es una preocupación quizás viva. Apostato. Creo ahora en el mundo visto prima facie como una tarea estrictamente solitaria, titánica e individual. Porque donde hay dos, hay traición.

Para no acretinarse más la respuesta está en leer un buen libro a la semana. La respuesta es la biblioteca selecta (¿Libros? Tesoro secreto del mar de las Antillas) O eso, o el pringue de berzotas. No existe otra alternativa. Los vislumbres húmedos de Diderot, la alevosa sonrisa de gato de Hopkins, la belleza de ópera de Von Balthasar, la fatuidad de serpiente de Céline, el corazón estelar y azulino de Chéjov, el divagar de ninfa esmerilada de Sidonio Apolinorio, la usura cúbica de Tomás de Aquino, el fluir parsimonioso de nieve de Tolstoi ETC…La educación se asienta en el pensamiento que sale del alma, se posa después en el objeto, y vuelve nuevamente al alma. Corrientes de alta clerecía.

Con los cuerpos y los ojos incendiados para velar más alto. E irse por los mejores caminos que se ofrecen.

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