Oceanografía del tedio 73

Penetran entre las tablas de la persiana ocho franjas azules de sol haciendo una lira, una anacreóntica de luz, y se mezcla o riza la estriada luz con el humo de mi cigarrillo. Recuerdo a papá.

Diligente, de pensamiento ordenado, riguroso, gran jugador de ajedrez; capaz de elevar cada vez más su nivel de juego, ojos fijos en las esculpidas piezas del juego. De simpatía arrolladora (escucharlo era resucitar a los mejores deslumbramientos de admiración) Abriría todas las puertas de San Zanipolo.

Papá pasó por la vida como un águila, la hendió como un arcángel sarcástico. Ahora siento el espectro de ese hombre genial y desventurado, en su raíz, debido a mi enfermedad. Arden gramas de un ribazo. Sobre el fondo de la noche, mi padre camina solitario.

Un árbol invernal dora el cuerpo de un hombre muerto.

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