Oceanografía del tedio 75

La gente es bastante coñazo y plasta. A veces se argumenta que la conversación forja el carácter o enriquece el intelecto. Pero, según mi experiencia, las conversaciones se limitan a un mero «guau» (aprobación, pulgar arriba) o «egs» (reprobación, pulgar abajo) de tipo emotivo.

La gente no sabe hablar de ideas, es renuente e incapaz frente a la conversación de ideas, y solo se limita a contarnos su vida o expresar sentimientos (o, frecuentemente, ambas cosas a la vez). Y como que la interacción humana es esencialmente lingüística, suelen expresar esas emociones con rótulos verbales tópicos y vacíos, donde la denotación es vulgar, un mero cliché, y lo relevante es el volcán o magma afectivo connotado.

«Nada humano me es ajeno» es la traducción de la frase latina «Homo sum; humani nihil a me alienum puto», que significa «Soy un hombre; nada de lo humano me es ajeno». Fue escrita por el autor de comedias romano Publio Terencio Africano en su obra «El enemigo de sí mismo» (165 a.C.). La frase expresa solidaridad, justicia y una conexión profunda con la humanidad, sugiriendo que todos los seres humanos comparten una condición y deben entenderse y apoyarse mutuamente. Esa condición común o copertenencia es, a mi juicio, el sistema afectivo, la emotividad.

Algo dignísimo, muy respetable, el hablar como los simios se despulgan. Pero los más grandes acontecimientos son las ideas, agentes transformadores y provocadores de la historia. Ignorarlas también disminuye y emprobece la condición humana.

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