Oceanografía del tedio 81

Buenos días. «Un libro es un espejo que solo ofrece lo que tenemos en la cabeza», Proust.

La vida de provincia y aldea es un sopor, una monotonía. Se nos ha enseñado a pensar que somos felices, pero es solo porque no tenemos la capacidad de imaginar otra cosa. Una sociedad pequeña de oportunistas, feudal, de moral pequeña, estrecha y de sacristía, sin vuelo y sin riesgo. Ay los burgueses rurales o urbanos que tienen siempre libros en casa, pero no los leen. Sirven como muebles que tienen el mismo valor decorativo que un sofá, un cuadro de ciervos o una silla. Pobreza de espíritu y mediocridad. El arte se convierte en mercancía, en objeto de lujo, en escaparate.

La cultura, como todo lo demás en la vida, depende del punto de vista. Los que se creen más sofisticados a menudo son los que menos entienden la verdadera esencia de la vida. El arte y la cultura no son una mercancía que se pueda consumir y luego desechar, sino un legado que debe ser VIVIDO Y ENTENDIDO PROFUNDAMENTE.

Para mí la cultura, la esplenderosa biblioteca, no es solo un ornamento para el alma, sino una fuerza que moldea nuestras vidas. Aquellos que la buscan solo por su apariencia nunca logran descifrarla. Yo me crie en medio de una clase burguesa hacendada muy culta, que valoraba sobremanera la cultura y la instrucción.

Percibo con pesar que esas capas cultas de la burguesía se adelgazan cada vez más. Por decirlo de modo inequívoco: la burguesía, como clase, ha convertido la cultura en una mercancía, ha hecho de la cultura un medio de diferenciación social, un modo de mostrar que uno pertenece a una élite, pero sin ningún interés en la creación o en el pensamiento. La verdadera cultura está fuera de su alcance y nunca es una cuestión de vida o muerte. Es una cuestión de distinción, de clase, un ejercicio de exhibición, banalización, o distracción, pero no de transformación. En líneas generales, y pese a contadas excepciones, dejó de ser una clase educada y sofisticada; la cultura en ellos sirve para afirmar el poder, el estatus, pero, en esencia y existencia, se vive como un lujo vacío.

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