
CELEBRANDO, CON CONVENCIMIENTO, A Mr. COLELL
a Marc, ingenium excelsum
Encontré, en la sala de espera del dentista,
en el número antiguo de una revista
coloreada de páginas satinadas,
la imagen de una tanagra rosada.
Hace tres décadas vi una parecida
en las vitrinas del Louvre. Y era joven.
La literatura de Marc, de noche y de día,
es un perrillo joven de belleza imperante,
es esa tanagra color árbol de mango,
tanagra de palabras que comentan
cristales rojos y enaguas blancas. Permítanme
decirle -transfigurado- lo que Eliot
a Walter de la Mare: «El gaucho
y el aletear de murciélagos, los fantasmas
de la mente y la vida, y la memoria
hechas misterio inexplicable del sonido».
