
Vi en la libreria anticuaria: CARRASCÓN DE LAS CORTES Y MEDRANO, Tomás. Carrascon. No es comida para puercos mi fruto, ca perlas son; y aunque parezco Carrasco soy mas, pues soy Carrascon. De las Cortes y Medrano. En Cintruenigo, s.l., 1633, Por María Sánchez Nodriza, pequeño 8º, 132 x 87 mm.
Tomás Carrascón de las Cortes y Medrano fue un reformista español, nacido en 1595 en la villa de Cintruénigo, Navarra.
Profesó como fraile agustino y estudiante de arte en el convento de San Agustín en Burgos. Sus ideas reformistas le hicieron ahorcar los hábitos y abandonar, en 1620, España, expatriándose en Inglaterra. Converso al protestantismo fue protegido por el rey Jacobo I de Inglaterra. Se incorporó a la Universidad de Oxford en 1623 y por sus tratados en defensa del protestantismo y ataque a la Iglesia Romana fue nombrado, en dicho año, Vicario de Blackmere y Prebendado -canónigo-, de la Catedral de Hereford. En 1631, dejó vacante estos cargos, trasladándose a Holanda donde, en 1633, imprimió el Carrascón.
Plena piel de época, lomo con nervios y hierros dorados, cortes moteados. Ex libris en guarda Biblioteca de Salvá. Acompañado de estuche de petaca, piel verde oscura, siglo XX, con inscripción dorada en el lomo: Carrascon. Libro Rarisimo.
Carrascón -manifiesta Menéndez Pelayo-, «Es obra ingeniosa, escrita con agrado, y que se lee sin fatiga. No carece de donaire y abundancia de lengua, aunque a veces degenera su estilo en paranomasias y retruécanos. Una parte del libro es contra el culto de las imágenes y contra las órdenes monásticas, sin gran novedad ni agudeza en los chistes; otra, y es la más seria y erudita, se dirige contra la autoridad de la Vulgata, aunque la mayor parte sus ataques caen en falso, pues atribuye a los católicos en general las opiniones particulares de tal o cual autor de poco crédito en las escuelas teológicas… las observaciones, por lo demás atinadas, de Fernando de Tejeda, son pólvora en salvas. Se manifiesta muy leído en autores castellanos aun de amena literatura, sobre todo de los que hablaron mal de frailes y monjas».
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¿Qué estoy leyendo? Dos «companions» hispanos, complementarios a su modo, a saber, «El legado filosófico y científico del siglo XX», coordinado por Garrido, Valdés y Arenas, Cátedra, y «El legado filosófico español e hispanoamericado del siglo XX», coordinado por Garrido, Orringer, Luis M. Valdés y Margarita M. Valdés, Cátedra. Asimismo releo «Santuario» de Faulkner, en traducción de José Luis López Muñoz, y «La vida», de Cellini, en traducción de Miguel Barceló.
Qué placer de ininterrumpida orgía perpetua la lectura. El paraíso existe, no como un sitio celestial, sino como un lugar que a veces se puede encontrar en el mundo y en el arte, y siempre en una biblioteca. Ningún paraíso terrenal como la exaltación tranquila de poder leer un montón de horas seguidas.
El jardín perfecto, la visión perfecta, la vida perfecta, la biblioteca perfecta-todo está aquí frente a mí, y, sin embargo, a veces -debo confesarlo- es como si estuviera en una habitación oscura sin salida.
«El único consejo que una persona puede dar a otra sobre la lectura es no seguir ningún consejo, seguir tus propios instintos, usar tu propio razonamiento y llegar a tus propias conclusiones», Virginia Woolf. «Espera a que el polvo de la lectura se asiente; a que el conflicto y el cuestionamiento se apaguen; … Entonces, de repente, sin que lo deseemos… el libro volverá, pero de otra manera. Flotará en la superficie de la mente como un todo».«Sin embargo, pocas personas piden a los libros lo que estos pueden darnos. Lo más habitual es que acudamos a los libros con mentes confusas y divididas… Si pudiéramos desterrar todas esas ideas preconcebidas cuando leemos, sería un comienzo admirable», ambas citas son también de Virginia Woolf.
Recuerdo aquellos momentos de paz, cuando, en mi juventud, creía que todo lo que leía permanecería intacto, como una forma de paraíso que jamás cambiaría.
Leer, motor de mi vida.
