
Por propia experiencia, discrepo de las tesis que afirman que la mente esquizofrénica no está rota, sino que funciona con una lógica que aún no comprendemos (Artaud también difundió esta hipótesis al aseverar convencido que su enfermedad era un estado donde el alma se deshace del cuerpo y vive en su propio lenguaje) También disiento, cómo decía, no recuerdo si Laing o Cooper o Basaglia, de la frase que afirma que el esquizofrénico no es solo alguien que está enfermo: es alguien a quien el mundo ha vuelto loco. Me parece una idea tan terminantemente falsa como frívola.
Lo que es objetivo, constatable, y auto-evidente, es la desesperación, la pesadilla en estado de vigilia, el bisturí hurgando en vivo en el absceso, la línea entre uno mismo y los otros que se difumina en mera panoplia o abanico desorganizado de sonidos y colores, las conversaciones unilaterales con esas agresivas portadoras de malas noticias que son tus voces, la incomunicación y la soledad (desde fuera no se entiende lo que nos pasa, y desde dentro no podemos o no sabemos explicar lo que nos pasa)
Elyn R. Saks (profesora, abogada y defensora de la salud mental), en su autobiografía -un libro soberbio, se mire por donde se mire-: «The Center Cannot Hold: My Journey Through Madness»,Grand Central Publishing, declara una especie de paradoja muy razonable (pág. 72): “Necesitaba unir dos ideas críticas: que podía estar mentalmente enferma y aun así llevar una vida plena y satisfactoria».
Para mí -y disculpen el aura pesimista- el esquizofrénico es como una persona que ahoga o sabotea sus posibilidades, pero no de forma intencionada o voluntariamente, sino por la propia naturaleza de su enfermedad. Aunque la literatura, piénsenlo, tiene como un toque -un punto carmesí al fondo de la escena- de locura.
Elyn Saks, diagnosticada con esquizofrenia, en el libro antes mencionado, observa: “Hay personas con enfermedad mental que son increíblemente creativas, productivas y perspicaces. Somos más que nuestro diagnóstico”, pág. 203. Acuerdo con ella. En los casos severos muy poco garantiza la creatividad la esquizofrenia. Pero en casos menos graves (síntomas atenuados o bien con no plena posesión psicótica), incluso puede ser una forma de avance.
A mí, y disculpen el vómito emotivo, la confesión ineducada, la escritura, la lectura (y mi familia) me salvaron.
