
Derrapa la inteligencia apepinada, ahuecada, y tullida, y tartamuda, de las Campos hacia la estupidez. Hume, muy al contrario, tiene muchos cajones secretos, una mente inagotable, un talento natural que da regla a las ideas futuras, prosa virtuosa, y el refrendo de la prueba del gusto cultivado (el genio de los escritores o filósofos, como el de los pintores o músicos, debe probarse por el juicio de los entendidos y por el consentimiento del tiempo)
Oigo a esa saga de vedettes televisivas, e, ipso facto, siento esa particular intolerancia hacia el discurso inútil, estéril y banal en el que participan. Yo valoro la claridad, la precisión y la altura intelectual, no las pseudo-conversaciones interminables con palabras falsas que no llevan a ninguna parte, y que se convierten en una pérdida de tiempo y energía. Irrita su ignorancia satisfecha, su pensamiento solo capaz de refugiarse en frases hechas, su superficialidad y su seguridad arrogante.
¿Cuál ha sido el efecto del «telelixo»? Convertir a la mitad del mundo en necios y a la otra mitad en metijones. Apoyar la picardía y el error en la concepción de la vida, convertir una democracia en una sociedad de esclavos y tontos. Spinoza, en su «Ética»: «Quienes desean investigar y comprender las cosas de la naturaleza como filósofos, y no contemplarlas con asombro como necios, pronto son considerados herejes e impíos, y proclamados como tales por aquellos a quienes la multitud adora como intérpretes de la naturaleza. Pues estos hombres saben que, una vez que se deja de lado la ignorancia, se elimina ese necio asombro, que es el único medio por el cual se preserva su ignara autoridad». O insiste Roberto Pettinato: «La televisión basura es la forma cretina que tiene el medio de crear programas mediocres que miden tu incultura y tu desgracia para igualarla, y jamás potenciar lo bueno de esta vida». O bien Armando Robles Godoy: «La TV considera que hay que presentar la basura en forma constante y permanente. Esto puede llevar al espectador a concluir que la realidad es basura».
Cuando Churchill estuvo de joven en Egipto se imbuyó de lecturas clásicas y de Gibbon. Tácito y Gibbon -a través de Churchill- nos ayudaron a ganar la segunda guerra mundial. No sé que le espera a una generación de españoles educadas bajo la escucha de esa familia de mujeres viscosas y troneras.
Oscar Wilde sostenía que la vida era un desorden imperfecto donde imperaba el caos y que la única forma de superar el desconcierto y darle un sentido era el arte, la ciencia, y la filosofía, cuyos propósitos no se reducen a captar la realidad tal como es, sino que aspiran a trascenderla.
O Hume, Gibbon… o Stalin, El Dr. Mengele y las Campos.
