Oceanografía del tedio 94

Mi vida es una lista de lecturas. Tengo mucho pendiente por leer. Leer es habitar la planta noble del edificio. Escribir -mi irrefrenable otra pasión- es una diosa de guarniciones vegetales encovada en una claridad rojiza que se hace amarilla. Siempre oigo el tintineo espiritista que me urge a escribir. Pero pende afilada la sensación de impostura, de mediocridad. Prefiero -si la voluntad es firme- no publicar más textos de creación en las redes. Quiero retroceder unos pasos, y convertirme en escritor secreto, solo para mí.

Quizá aquí cuelgue críticas de libros y poemas y citas. Es tiempo de leer. Leer junto a la acapirotada y blanca lámpara encendida. Lo normal es leer. Soy un fracasado escritor de tercera fila.

NOTA BENE: Calculo que en siete, ocho o nueve meses, se publicarán «Diario de Aquitania» (último volumen de la pentalogía), y una addenda o plaquette a la misma «Oceanografía del tedio». Siento que se cierra un círculo, el que resumidamente, podríamos llamar del espíritu o la alta cultura. Deseo renovarme. Hace un tiempo que le doy vueltas a un libro cuyo tema sea el cuerpo, la viscosidad y la baja cultura. Su título provisional es «Libro de las deposiciones». Aquí caben oleosas linfas y lefas, marcas de defecación en la loza, coitos, retortijones y sangre, telebasura y Julio Iglesias, El Sintrom, El Rivotril y los informes de psiquiatría. Ramos oscuros de piel rota. Cacas flameantes embadurnando el embaldosado. Franjas frangosas de mar en los cantiles vomitados de playas y escolleras. Me da vergüenza postear estas cosas. Mi personaje público en las redes no deseo traicionarlo. Ya veremos.

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