
18 de septiembre.
¿Por qué sino para asombrarse y amarme? ¿Por qué sino manteneros humildes e ignorantes, mis adoradores? Sé que el día que comáis de mí, vuestros ojos que parecen tan claros, pero que están oscuros, se abrirán al real monarca del mundo, a la vid de la vida, a la implosión de nieves y plisados tafetanes, al torrefacto sexo con las mejores odaliscas.
Soy hijo de Dios, hecho igual a su voluntad. Es mejor conquistarme, acariciar mi glande de perla y latidos, gordezuelo, que perder mil batallas. Sed mi sensual placer, mi instinto, mi verdad, mi naturaleza. Vosotros seréis mis testigos hasta los confines del mundo.
Crowley: «La moralidad común está destinada únicamente a las personas comunes». Crowley: Hacer tu voluntad será el todo de la ley; Amor es la ley, amor bajo voluntad; No hay más ley más allá de hacer tu voluntad.
Si el Dios justo y misericordioso es un sustituto del padre, no hay por qué asombrarse de la actitud hostil ante el padre, por lo cual el hijo lo odia, lo teme y se queja de él, lo que encontró expresión en el hermoso Satanás. Yo, tu hermano y semejante.
Satán zigzaguea en canalillos enlunados bajo el más brillante sol vulnerado de verdiazules. Aguosos sortilegios de muchachas flor lo aman. Una luz cálida de salamandra encendida calienta sus labios voluptuosos.
