
19 de septiembre
El desdén es un arte o pasión o propiedad juvenil; al contrario, el odio -desde donde escribo-, es la fuerza motriz que mueve el sol y las estrellas.
Las masas son piojos, bacterias, moluscos natos, miasmas infectas. El conocimiento debiera ser abstruso para segregarlas de él. Por desgracia, los intelectuales no podemos impedir que las masas aprendan a leer y escribir. Pero podemos impedirles leer literatura haciéndosela demasiado difícil de entender, y eso es lo que se debe hacer. Realicemos un esfuerzo decidido por excluir a las masas de la cultura. Abandonemos la coherencia lógica, el realismo, la expresión llana; cultivemos la irracionalidad y la oscuridad.
¡Antidisturbios, golpeadlos con saña! No aman rosas, gemas ni zafiros, y desprecian a Tibulo, Baudeliare y Ronsard, y escupen sobre el gusto y las delicadezas de la vida.
Las mañanas húmedas, liliáceas, con tacto de melocotón, son rechazadas por estos cabezones babosos, payasos y retrasados. Solo saben de guarreos en su pocilga; en nada se diferencian de una cuerda de cerdos en la piara.
¡Antidisturbios! Romped los huesos a estos papagayos zánganos y estériles. A esos tuercebotas malajes sanguijuelas, que se orinan en el tálamo nupcial (mirad a hermosas hembras presas de los más viles bozos, o cómo pierden la floración juvenil a manos de canallas violentos y patosos)
Muchedumbre: narices rotas y torcidas, caras llenas de moraduras, catres de celda y garrapatear de coplillas obscenas y kitsch. La masa es empalagosa y decadente.
¡Antidisturbios! Golpeadlos brutalmente, implacablemente. Nunca vi ni oí nada más asqueroso que la masa. Resulta patético diñarla sin comprender jamás hasta qué punto son hijos putas los hombres.
