Como español con ascendencia judía, mejor decirlo ya: empiezo a estar harto del corrupto Netanyahu, de cómo prende el fósforo mediante fricción y explosión de intestinos de niños palestinos, de cómo deja libre, caiga quien caiga, el gas inflamable, y esparce trozitos de cerebro e hígado y riñones de inocentes. No vale todo. Tatuar con tinta china la pupila de niñines y jóvenes madres. No vale ponerse medallones a costa de toneladas de sangre.
No me verán fogueándome en el padelsurf, el kayak o el surf. Ni relajándome una seráfica mañana en un spa o apuntándome a una clase de yoga o de fitnes al aire libre. Ni alechugado bajo el sol espeluznante. "Vita Cartesii simplicissima est”, recordaba Valéry en "Monsieur Teste". La mía es abrumadoramente más simple. Un libro entre las manos, paseos con la perra, oír pájaros, salmorejo, crema fría de espárragos blancos y mermelada de moras. Feliz verano. Libertad, lógica y literatura.
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