Libro de las deposiciones 15

20 de septiembre

Ver la televisión es como ponerse aerosol negro en el tercer ojo, el de la belleza, la inteligencia y el espíritu. Porque los españoles ya no se hablan, se entretienen; no intercambian ideas, intercambian imágenes; no discuten con proposiciones; discuten con las celebridades y con los anuncios y con los «influencers».

Una humanidad desesperada y desmoralizada se mantiene a raya mediante las drogas, la televisión y las redes. Donde se escapa el cerebro.

Redes sociales. No confundas atención con cuidado. Es posible que aquellos a quienes les importes no te sigan. Pero puedes estar seguro de una cosa: al 99% de tus seguidores no les importas.

Está bien poseer una tecnología, lo que es negativo y pernicioso es ser propiedad de la tecnología. Facebook da a la gente la sensación ilusoria de ser apreciados. Zygmunt Bauman: “La versión actualizada del Cogito de Descartes es: ‘Soy visto, luego existo’, y que cuantas más personas me ven, más existo…”

Cerebro sin televisión ni redes: grosellas de dioses en un jardín, luz de la Palabra en vivos ojos de despierto, lujuria de estrellas que no mueren. El amor de los extremamente sensuales está fuera de las pantallas.

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Algunas observaciones:

(i) No usarás el límite de 140 caracteres como excusa para errores gramaticales o de ortografía.

(ii) No presupondrás, acríticamente, que usar las redes sociales puede ayudarte a mejorar tu nivel de pensamiento.

(iii) NO confundas tu persona digital, con tu persona real

(iv) Discrimina entre el algoritmo del motor de búsqueda y tu yo real

(v) Facebook (o Instagram, o X, o Tik Tok) son para la salud mental lo que los combustibles fósiles son para la salud climática.

(vi) La misma dinámica que nos mantiene seguros en una manada, rebaño o sociedad, y cómodos en familia, con amigos o vecinos, también sirve como vía de transmisión de patógenos como las redes.

(vii) Si los algoritmos de esas plataformas están generando tanto contenido tóxico, esto no es una casualidad ni el subproducto accidental de un modelo de negocio, sino más bien un acto deliberado orquestado desde las más altas esferas de poder, con el objetivo de continuar la misma agenda perversa que ya hemos expuesto: cultivar la ignorancia, propagar desinformación y perpetuar el estancamiento intelectual dentro de la sociedad.

(viii) Uno de los mayores enemigos de nuestra libertad y desarrollo personal en esta era moderna no son las bombas, las democracias corruptas ni la voluntad de dictadores déspotas despiadados. En cambio, el enemigo al que más deberíamos temer es la variedad de tecnologías atractivas que explotan hábilmente nuestro apetito casi ilimitado por las distracciones.

(ix) Las redes sociales son más que simples repositorios de juicios triviales e impulsivos; son más que simples salidas convenientes para la alegría y la indignación sin sentido. Ofrecen más que los puntos en común y el consuelo que podemos encontrar en momentos culturalmente significativos. Las redes sociales también nos brindan una especie de conciencia imperfecta, pero necesaria, un recordatorio constante de que el compromiso y la compasión no pueden no deben ser modas efímeras y finitas.

(x) La única esperanza para las redes sociales desde un punto de vista comercial es que aparezca una fórmula mágica que permita que algún método que viole la privacidad y la dignidad se vuelva aceptable. Desgraciadamente.

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