
20 de septiembre, guarismo que no es primo
Este es un libro a la contra de mis apologías y jeremiadas. La principal: la loa al libro (yo, que tantos hombres he sido, fui aquel que desfalleció ante un libro, al que supose un terrón de fragancia de llovizna orensana, un poroso musgo velado por cúpulas de ramos de castaños en la mañana de casi fin de verano)
Destino de poeta: Gérard de Nerval, un poeta con más talento que Chatterton, pero no más feliz, y que se ahorcó en 1855, a los cuarenta y siete años. Nerval escribió: «La ambición no era de nuestra época […] y la avarienta carrera hacia la posición y los honores nos apartó de la esfera política pública. Solo nos quedaba la torre de marfil del poeta, que cada vez elevábamos más para aislarnos de la multitud. En esas grandes alturas respiramos por fin el aire puro de la soledad; bebimos el olvido en la copa dorada de la leyenda; nos emborrachamos de poesía y amor».
Patrañas y mitos de absenta. «Permitidme dejar las cosas claras: no hay libros que «debáis» leer. Seguid mi consejo: si os aburre, no lo pilláis, os resulta soporífero u os provoca dolor de cabeza, dejadlo y pasad a leer otra cosa. Incluso este mismo libro: si no os interesa, ¡dejad de leerlo ya mismo! Abandonadlo, pedid que os devuelvan el dinero, regaládselo a un amigo o tiradlo por la ventana. Sinceramente, me trae sin cuidado», Mikita Brotman, «Contra la lectura». Y también: ««[…] creo que la importancia de la lectura (por no hablar de la escritura) está muy sobrevalorada, y a lo que en realidad deberíamos prestar atención, en un mercado abarrotado y ahíto de libros, no es a la muerte de la lectura, sino a la muerte del criterio. Es relativamente fácil adquirir el hábito de la lectura; es mucho más difícil llegar a ser un lector exigente y con criterio», John Sutherland.
Amo a los que rechazan o sienten aversión por los libros. Bibliófobos y emócratas, ¡os amo! Parece que leer te provee de un batido de proteínas ética, un elixir o panacea sustituta de la bondad de Dios. Leer es estabularte en fosco establo, un rejonazo entre las vértebras. Leer te convierte en un marginal, un paria, en alguien imposible de integrarse. Yo odio los libros. Toda esa gente que se vuelve loca por armazones y pliegos de papel. Lo importante son los coños, el fútbol, la bulla, la carne de los cochinillos ¡A la mierda las palabras!
