Libro de las deposiciones 20

A los lectores hay que dorarles la píldora. Pienso en un lector de pocas luces que entre serie y serie de televisión se da un tiempo para leer; en el lector que quiere que le cuenten las cosas dos veces y bien digeridas; en el lector que no se ha empachado con la cotidianidad y quiere verla más amarilla; en el lector de mente simplona que busca recetas fáciles en busca de superarse, pero que nunca se superará, de modo que comprará la próxima novela del autor de masas famoso, novela que es siempre peor que la anterior.

El pueblo es un trozo de pus menor de edad, comedor de ojos de cerdo guisados, de estofados insalubres, el pueblo es ratón campestre, que come la dura corteza del melón, amarga y desabrida, y en llegando a lo dulce se empalaga.

En mi opinión, la masa ignorante -populacho-, por su torpeza y su falta de luces, se deja manipular fácilmente por demagogos sin escrúpulos. El pueblo en sentido estricto lo constituyen solamente las clases medias y acomodadas, las personas con cierto nivel de educación que, al confrontar los problemas de gobierno y de convivencia, los analizan racionalmente y toman decisiones inteligentes. En definitiva, el pueblo comenzó a ser para mí la parte del país que lee y piensa.

O, matizando más: “Todos los grandes historiadores del siglo XIX observaron y advirtieron ansiosamente la elevación del populacho a partir de la organización capitalista y su desarrollo. El pesimismo histórico desde Burckhardt a Spengler procede esencialmente de esta consideración. Pero lo que los historiadores, tristemente preocupados con el fenómeno en sí mismo, no lograron advertir fue que el populacho no podía ser identificado con la creciente clase trabajadora industrial, y desde luego, no con el pueblo en conjunto, sino que estaba compuesto realmente de los desechos de todas las clases, filisteos incluidos”. Hannah Arendt.

«Cuanto mayor es la multitud, más insignificante es la persona», Carl Jung.

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¿Acaso es sensato someter nuestra autoestima a una pandilla salivosa de aficionados al fútbol? Las opiniones de la gente son fútiles, mezquinas, perversas, llenas de errores, superficiales. Son opiniones de gente que se come sus propios piojos. Tu decoro no depende del testimonio ajeno. La naturaleza te pide ser independiente, no popular. Que la muchedumbre no te arrebate tus juicios, que son aquello que te hace más digno y acaudalado. No atribuyas mucho valor a la opinión de los demás, insisto, o ¿acaso crees que mucho valen las palabras de los monos?

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