Libro de las deposiciones 23

-¿Qué opina de Internet? ¿Es un evangelista tecnológico?

-Seguramente usted conoce el cuento de Borges, «Funes el memorioso». El pensamiento y la comprensión del mundo requieren del olvido, la capacidad de abstraer y generalizar, no solo de recordar cada detalle. La memoria perfecta de Funes se convierte en una maldición, ya que le impide elaborar conceptos y categorías, lo que lo deja en un estado de parálisis intelectual y lo aleja de la realidad humana. El cuento también explora la memoria como una forma de insomnio perpetuo, donde los recuerdos se acumulan sin descanso. Una ficcción o intuición con correlato científico. El neurólogo y psicólogo judío Luria estudió el caso clínico de un memorioso, Solomón Shereshevski, en su libro «Pequeño libro de una gran memoria: la mente de un mnemonista». La ciencia confirma la ficción de Borges. El paciente estudiado por Luria tenía dificultad para abstraer y olvidar: su memoria era tan detallada que le costaba procesar ideas abstractas, sinónimos o dobles sentidos, y la incapacidad de olvidar detalles significaba que no podía funcionar normalmente. Además la línea entre la imaginación y la realidad se desdibujaba, y las experiencias sensoriales vinculadas a las palabras lo distraían, impidiéndole concentrarse en actividades como la lectura y las conversaciones. El caso de Shereshevski es fundamental para entender la relación entre el cerebro y la mente, y cómo ciertas funciones, como el olvido, son esenciales para el funcionamiento cognitivo.

Los internautas participan de esa mente memoriosa y primaria, casi de primate. Habituados a que el conocimiento no les brote desde dentro, como la floración de una semilla interior, sino a buscarlo desde fuera, con picoteos, con perpetuos pizzicatos y staccatos de superficie, en el fondo no recuerdan ni saben, y diseñan o remodelan su cerebro como un esquizofrénico (incapaces de la demora cognitiva a que habitúa la secuencia escrita, con falta de atención y concentración -frustración y enorme distraibilidad-, lo que puede concluir en una dificultad para organizar pensamientos, para hablar y escribir un texto a derechas)

No soy un evangelista tecnológica. Para una minoría, Internet es una fuente de crecimiento y saber sin igual. Pero -seamos realistas-, para la inmensa mayoría, desembocó en la caverna platonónica: hombres encadenados, seres humanos con sus grilletes al cuello, que no ven más que sombras falaces, en el simulador de una realidad engañosa y superficial. Esta ficción proyectada por la luz de la hoguera les distrae de la realidad: la caverna en la que permanecen encadenados, encadenados a la oscuridad y las sombras de la trivialidad y la ignorancia.

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