Libro de las deposiciones 24

-Los años de su juventud no fueron años de bohemia, camaraderías, festines y viajes de acento literario ¿Cree que es posible crear una obra, aunque sea pequeña, sin pertenecer a una comunidad de pares? ¿Hasta qué punto considera o no imprescindible relacionarse con quienes comparten vocación para profundizar o afianzar ésta?

-La terminante, compacta e híspida soledad, perjudicó a mi literatura. Amigos y amigas iguales proporcionan un espacio seguro para expresar preocupaciones y sentimientos, ofreciendo consuelo y apoyo en momentos de alegría y dificultad. La conversación enriquece el intelecto, es la escuela ideal para afinar perspectivas. La amistad intelectual permite el intercambio de experiencias y reflexiones, lo que promueve la identificación con otros y amplía la consciencia individual. El diálogo y la discusión de ideas y dilemas con amigos, pueden llevar a nuevas soluciones y enfoques. Desde luego el caldo de cultivo de lo que luego uno hace en su soledad, requiere esa riqueza de reuniones, conversación, pandillaje, intercambio de ideas entre personas verdaderamente notables. Naturalmente que se sigue escribiendo, y pintando, y lo que usted quiera, pero los resultados en la mayoría de las ocasiones están muy por debajo del Arte y la Literatura que admiramos. Los amigos son un buen descanso para momentos de desánimo.

Cuántas veces al ver una tela o estatua en un museo, al leer un libro que me rajaba por dentro, al ver una película que me electrificó hasta la médula, necesité compartir con voces cómplices mis sensaciones e ideas. Pero viví en una aislada campana de vacío. «El amigo ha de ser como la sangre que acude luego a la herida sin esperar a que le llamen», Francisco de Quevedo. «La amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad», Aristóteles.

La zona serrana, tan solitaria, piedras y arbustos ríspidos, pastos gruesos, carqueja y carquejilla, está llena de sorpresas. Pequeños valles –pañuelos de tierra negra cubiertos de gramilla- aparecen en los bordes del lomo de la cerrillada. El cantil está emboscado en el mechón de chilca. La piedra roma -piedra bocha- asoma a veces en estos valles mínimos, sola y naturalmente como una planta, con la gracia de una cosa lisa y curva, entre el erizamiento de picos breves de una intención de sierra.

Y la soledad, esa soledad de iglesias y latines, de claros del sol entre repentinas lluvias. Tiempo de ferias en Nogueira de Ramuín. Rinconadas del monasterio de San Esteban. Caballetes y tabanques bajo los soportales. Verdes y rojas estameñas, jalmas y guarniciones. Un campo verdoso sube por el flanco de los cañones del Sil. Sombras de robles con ganados.

Soledad, maldito destino y cruel pasión de mi vida.

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