
Hoy bebí más de la cuenta y estoy ebrio. Pero, soy tan elegante que, todavía borracho, parece que escriba vestido de frac (oraciones detalladas y perfeccionistas, de ritmo ensoñador y onírico, con símbolos que recorren los cinco sentidos; oraciones irónicas, elaboradas, ornamentales, prosa de crepúsculos púrpuras, flotando como pelusa entre mariposas y abejas; prosa de zumbido de esperma en el aire descorchado de otoño, azul como seda mojada, pergamino y galeones de fuego caribeño en una suave nube)
El ensayo “Confesiones de un borracho” del ensayista inglés Charles Lamb comienza: «La disuasión del uso de los licores fuertes ha sido el tópico favorito de los declamadores sobrios de todas las épocas y ha sido recibida con abundancia de aplausos por parte de los críticos aficionados al agua. Pero desafortunadamente en el paciente mismo, en el hombre que ha de ser curado, su sonido rara vez ha prevalecido. Sin embargo, el mal se reconoce y su remedio es simple: la abstención. Ningún poder puede obligar a un hombre a levantar un vaso contra su voluntad; esto es tan fácil como no robar o no decir mentiras».
Tudescas azumbres más sabrosas, luquetes y uvas violetas de vinos envidiosos. La línea de fuga vacilante. El punto de equilibrio trastabillante.
«Así soy realmente: maligno, borracho, pero lúcido», Joseph Roth.
