
Los índices de ESPECTACULARIZACIÓN DE LA INFORMACIÓN son los siguientes:
a. Contenidos de “soft news”: famosos, delincuencia, corrupción y crimen (por encima de los asuntos políticos, cívicos y públicos)
b. Búsqueda de la parte más “humana” de la información (por encima del interés público)
c. Personalización de los temas (por encima de la consideración estructural o abstracta de los mismos)
d. Sensacionalismo (por encima del juicio calibrado)
e. Escándalo (sentimiento ante una conducta desvergonzada)
f. Vida social y mundo de la farándula
g. Banalización y trivialidad (por encima de lo relevante)
h. Lo anecdótico (por encima de lo prioritario y sustancial)
i. Superficialidad (por encima de la profundidad en el tratamiento temático)
j. Emoción y sentimentalismo (por encima de la racionalidad)
k. Dramatización, exageración de la gravedad de los acontecimientos y acentuación de los aspectos trágicos. BOMBARDEO de malas noticias
l. Búsqueda de la acción (violencia, sufrimiento…), por encima de ideas o explicaciones
m. Presencia o mención de imágenes espectaculares (incendios, disturbios, violencia callejera, catástrofes, guerras)
n. Sucesos
Ante esta dieta que pudre la mente y entristece el corazón, uno comprende la propensión a evitar las noticias.
Debemos atrevernos a constituir una cosmovisión, una filosofía del mundo, tentativa, provisional, sabiendo que cualquier filosofía se sumerge en el flujo histórico de lo corruptible. Esto significa que vemos “toda” filosofía como un error –la nuestra como las demás.
En los sitibundos desiertos de Libia se suele oír un proverbio de caravana que dice así: “Bebe del pozo y deja tu sitio a otro”.
