
La bibliofilia es el amor por los libros; y el bibliófilo es el amante o aficionado a las ediciones de ciertos títulos, a los empastes especiales, al aroma de las páginas, y en general a todo lo que se relacione con mantener una nutrida colección de libros. La bibliofilia, como concepto, surge durante el Renacimiento, época en que los humanistas, reyes, príncipes y grandes señores se dedicaron a recorrer países de Europa en busca de manuscritos, cartas, autógrafos, incunables, y otros tipos de libros sofisticados. El bibliófilo ama la lectura, así como el admirar y coleccionar libros, por lo que arma una gran y especializada colección. Sabe, además, distinguirlas e identificarlas ya sea por la pureza de su texto, su tipografía, ilustración, la calidad del papel y la encuadernación.
Debido a mi pobreza se me negó la bibliografía. Qué no diera yo por adquirir las notas de clase de Richard Kilvington, por una editio princeps del «Breve tratado y muy importante para saber hacer una confesión general», de Juan de Santo Tomás o por el incunable «Tratado de Derecho Sucesoral ab Intestato» de Nicolás de Ubaldis (1471).
“El libro –escribió́ Ramón Miquel y Planas- es la obra más perfecta que ha salido de las manos del hombre. Es un todo completo donde se reúnen un elemento espiritual, que es la obra literaria fruto del pensamiento, y un elemento material, que es el libro como obra tangible. Libro perfecto es aquel en el que ambos elementos -cosa y alma- se corresponden dignamente, aquel donde la belleza de la obra literaria tiene una exacta correspondencia con la belleza y perfección de sus componentes materiales. Esta es la concepción de libro que tienen los bibliófilos”.
Calidades y ventajas de los bibliófilos, según Mr. Jules Richard:
«… Yo he notado siempre en los hombres que aman los libros, grandes cualidades de corazón, instintos generosos de sociabilidad y una exquisita cortesía. Generalmente, son a la vez estos hombres buenos comedores y bebedores; son, además, galantes con las mujeres. El amor en el libro, es el principio de la perfección».
“Después de haber disfrutado de todos los bienes de este mundo en la justa medida de mis medios y fuerzas, yo puedo hacer constar aquí, sin hipocresía, que de todos los placeres los que proporciona el amor a los libros, son, si no los más vivos, al menos los más duraderos y que más fácilmente se renuevan.
En el juego, no se gana siempre; con la mujeres la vejez llega antes que la saciedad, ¡hay también la mesa! … Pero cuando se ha bebido y comido durante dos horas … ya no se puede más. ¡La pesca! ¡La caza! Se llamará. Para pescar se necesita mucha paciencia y… que haya pez; para cazar es necesario tener buenas piernas y que haya caza.
Para dedicarse a los libros, basta con tener libros “
Jules Richard: “L’art de former uneix Bibliohéque“, Ed, Rouveyre&G. Blond, Paris, 1883. pp. 128, 152, 153.
Quienquiera que se precie de bibliófilo desea el libro más bello que jamás haya sido impreso, la «Hypnerotomachia Poliphili», de Francesco Colonna, y la desea perfecta, sin manchas y sin apolilladuras, con márgenes amplios y, si fuese posible, con tablas que se desdoblan, como me aseguran que existe todavía en algún lugar
Libros: brillante aroma resinoso incubado en el firmamento.
