Falsas memorias 12

Palabras para mi sobrina Clara

Bajo la bóveda de la Capilla Sixtina siéntete renacer. Bajo el terruño acre cobija el vendaval de la luz parisina. Que tu amante, cuando seas mujer, dardee su lengua vermejosa en tu cuello. Y que tu mundo se llene de voces refugiadas en el cielo.

La sociedad nobiliaria, las costumbres de antecámara, el imperio de la representación, la elegante domesticidad aristocrática, bailes y cotillones y targetitas de presentación, ramo de flores y muchachos que tienen el frac salpicado de lazos y escarapelas, «promenade» y banca Rotschild, ánades chapoteando en el agua argentada, dibujos de Harriet Ford, obras de compositoras como Kassia, Hildegarda de Bingen, Herrada de Landsberg, Beatriz de Día, Héloïse, Margarita de Austria, Ana de Bolena, María González de Agüero y Blanca de Castilla, sean tu destino, si no de vestidos y porte, de maneras y olas de superficie, sí en cambio de espíritu.

El mundo es un boceto mal realizado y la gente no es noble ni buena. Pide que tu vajilla no sea de estaño ni de madera, sino de porcelana fina. Come pasteles de fantasías historiadas vienesas. No vayas nunca a piscinas públicas. No te tiñas. Que un oro flameante cruja tus ojos. Y dulzuras jabonosas tengas por ideas. Adora los pájaros, los cisnes sentimentales, y deplora la prensa deportiva. No vayas en metro ni autobús. Sé libre, es decir, hereje. Escupe al mogollón y a la tortilla de patatas cebollona. Toma unos ravioli con caldo de jamón y parmentier trufada. Ten en el amor una figura ideal, mas sopesa las grandezas de tus propios soliloquios.

Te espero en unos años en Nogueira. Te hablaré de tu nona, te ayudaré con los deberes, nos encaprichará la luz de los pinos y eucaliptos con iluminación indirecta de plató de cine. Tu alegría animal niega de raíz que el camino a Tebas empiece con la muerte.

Tu sonrisa, ardilla de tejado de cresta ventosa, es una cascada de agua helada que refresca en el calor terminal del infierno.

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