
Hay escritores cuyo lenguaje es como unas sosas coles de bruselas hervidas. A mí me gusta escribir con metáfora y voluntad de estilo (se puede tener un estilo literario que deteste las metáforas, pero, en cambio, con gran voluntad de estilo; todo que admirar y nada que objetar)
Cocinar las coles a la parrilla o al grill hasta que se churruscan un poco abre la puerta a un nuevo universo de sabor y texturas, y la presentación en brochetas es perfecta para ocasiones festivas. Se añade una bechamel y «caprice de dieu».
Seguro que en casi todas sus casas caerán algunas almejas durante las fiestas. En mi familia no fallaban, ya sean a la marinera o acompañando algún guiso o sopa de pescado. Si llevan a la mesa las coles bien acompañadas con almejas, hasta los más reacios se animarán a probarlas.
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La prosa como unas simples y tristes espinacas al vapor, o como unas setas sin ajetes ni quesos, poco gusta. Gusta una prosa elegante, detallista, artesanal, que pone énfasis en la forma, sonora. Lejos del aburrido arroz hervido para enfermitos.
